Buscar este blog

domingo, 10 de mayo de 2009

Pincelada de tinta - El candil roto

No me ha dado tiempo a escribir un relato nuevo para hoy, así que he tenido que recurrir al baúl de los recuerdos y poner uno que, aunque es, creo, del año pasado, no lo había colgado en ninguna parte aún. Yo lo odio, pero me han dicho que es bonito y tal (sobre gustos no hay nada escrito XD), así que os dejo que juzguéis vosotros mismos ^^



Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.1ª Corintios 15.41

Gloria llegó caminando hasta su portal e introdujo la llave en la cerradura; como siempre, le costó por lo oxidada que estaba. Un perro vagabundo, flaco y enfermizo, soltó un ladrido débil a sus pies, haciendo que la joven lo contemplara con la piedad que la había caracterizado desde niña.
Finalmente la cerradura giró y consiguió entrar empujando un poco la puerta; sólo un poco, porque chirriaba mucho y el portero aún dormía. El rellano estaba vacío, como pensaba. Subió hasta el cuarto piso por las escaleras, porque sabía que el ascensor no funcionaba desde hacía años.
No podía evitar pensar en la metáfora de cuánto se parecía el ascensor de aquel viejo edificio a su propia vida…
Cuando abrió la puerta de su departamento, la recibió un silencio asfixiante que denotaba el vacío de aquel hogar. Ni siquiera una mascota que le hiciera compañía. Odiaba su soledad tanto como la necesitaba, y aunque siempre trataba de convencerse a sí misma de que le gustaba su aislamiento, no podía evitar la añoranza de los viejos tiempos, los buenos ratos pasados en otra época, otra casa, otras circunstancias, otra gente, otra dimensión… otra vida.
Encendió la luz del vestíbulo y se encaminó hacia su habitación. Sólo tenía quince minutos para prepararse antes de ir a trabajar, pero notó su corazón oprimido bajo la carga del sufrimiento y sintió la inminente necesidad de tumbarse en su cama, no porque estuviera cansada, sino porque tenía que pensar en algo que aliviara un poco su angustia. La oscuridad de su cuarto la acogió y sintió suficiente seguridad como para hundirse entre las sábanas y sollozar desolada, embargada por aquellos demonios disfrazados de nostalgia y culpa que la habían perseguido durante los últimos cuatro años, convirtiendo su vida en una sucesión de sinsabores, tinieblas, decepciones y recuerdos llenos de dolor. Sólo podía preguntarse constantemente qué hubiera sucedido si él no hubiera hecho lo que hizo: Gloria podría haber sido una mujer feliz, llena de alegría y rodeada de sus seres queridos… pero se había convertido en una sombra de toda aquella felicidad.
Y además estaba sola.
Giró la cabeza sobre la almohada y contempló largamente los dos libros que reposaban sobre su mesilla de noche. Tenía una valiosa colección de casi treinta libros que eran lo único que conservaba de su anterior vida, y los guardaba como su más preciado tesoro porque se los había legado su abuelo, y habían llegado a las manos de éste durante la Guerra Civil, rescatados de una biblioteca que fue destruida poco después. Un regalo único, sin duda. Gloria sabía que, aunque lo anhelaba con todo su alma, no era una persona nueva, y aquellos libros se lo recordaban cada día. Su niñez y, con ella, su pasado. Y el recuerdo de las heridas que había causado entonces, que escupía cenizas en su antes inocente corazón

***
La oscuridad había caído ya sobre el cielo que cubría la playa…
Gloria cerró los ojos y se permitió el lujo de respirar con pureza, de llenar sus pulmones de brisa marina. La luna resplandecía como nunca aquella noche. Las estrellas brillaban tanto que podían iluminar todo el mundo, y su reflejo se dibujaba sobre las vastas aguas de la mar, cuyas embravecidas olas se estrellaban contra los acantilados. El aura del océano le acariciaba el rostro con dulzura. El penetrante aroma de la playa la embargaba por completo y la transportaba en un sueño difícil de olvidar por muchos años que pasasen. Un sueño en el que resonaban timbales entretejidos con la música de las olas, un sueño en el que alguien rasgaba las cuerdas de un salterio, un sueño en el que el silbido de las flautas navegaba con el viento que mecía las pasiones de su corazón.
Un sueño que nunca caía en el olvido.
Las olas lamían con furor sus pies descalzos cada vez que besaban la orilla, mientras sus zapatos, aquellos odiados zapatos de tacón alto, reposaban lejos, junto al muro de piedra que separaba la paz de la playa del estrés y el ruido que rugían en la calle. Eran los momentos como ése los que le daban a Gloria la distracción que necesitaba para no pensar demasiado, porque sabía que, si se dejaba llevar por sus pensamientos, acabaría por matarse. Era aquel uno de esos momentos en los que era imposible creer que la perfección no existía, en los que dejaba de lado todo lo que la preocupaba y disfrutaba con todo su ser de la Naturaleza, un momento de ensueño, de magia.
Un minuto de no pensar en nada más que en la belleza, un segundo de descanso en sus tribulaciones, de no estar muerta en vida, de disfrutar de todo lo creado. Una efímera eternidad de alegría.
Un deseo infinito de salir de sí misma, de construir un barco que la llevara al cielo, de no volver a recordar sus piezas, ni el tablero, ni la partida que dejó atrás. Un anhelo total de alzar las alas como águila y volar hacia la última estrella del universo.
Lo único que Gloria deseaba era que aquella playa se convirtiese en la cripta de sus sueños rotos. Le hubiera gustado sentarse y dejarse morir, simplemente, sin dolor ni miedo, como si sólo estuviera yéndose a dormir, porque sabía que no tenía valor para suicidarse ni energía para seguir viviendo aquella farsa.
“Instinto de supervivencia humano” pensaba, mordiéndose el labio. La realidad era que, desde aquel horrible día en que se había dejado dominar por lo peor de sí misma y había dado plena libertad a su odio, no había dejado de huir de todo y de todos. ¿Por qué tenía que humillarse ella? Sí, lo había despreciado y se había negado a perdonar, pero… ¿acaso él no se lo merecía? ¿Cómo se atrevía a pedirle perdón? Le había quitado todo, ella lo había seguido incondicional y ciegamente… y, a cambio, había sido engañada y traicionada. Él merecía todo su odio.
Y sin embargo…
“¿Lo merece?” se preguntó Gloria, sin apartar su vista de la blanca espuma. No podía evitar aquellos pensamientos. Si de verdad Pablo se merecía aquello… ¿qué era lo que pasaba a ella? No era feliz. No tenía paz. ¿Por qué?
De pronto, Gloria cerró los ojos y dijo en un susurro, reconociendo con sus labios algo que, en el fondo, ya sabía:
-Tengo miedo de estar sola.
Y entonces, una imagen brilló como un relámpago ante sus ojos cerrados durante una milésima de segundo, suficiente para poder apreciar lo que representaba. Una lámpara que irradiaba una fuerte y ardiente luz y, de repente… se apagó. Y todo quedó de nuevo a oscuras.
No era la primera vez que aquella visión cruzaba su mente, pero esa noche, por primera vez, Gloria supo reunir todo su débil valor y la poca fe que le quedaba para admitir otra cosa: ella era ese candil. Una luz que resplandecía con sus sonrisas, su amabilidad, su bondad y el amor que rebosaba… y de pronto se apagó, y todo despareció. No había ya nada más que tinieblas y desorden.
-Gloria… te lo suplico por Dios, por tu Dios, no te vayas, no lo hagas así. No quería hacerte daño, te lo juro.
La voz de Pablo resonó en su cerebro como si estuviese allí, hablándole al oído. En ese momento, Gloria sintió en sus labios el húmedo sabor a sal de una lágrima que acababa de resbalar por su mejilla.
-¿Hacerme daño, Pablo? ¿Por qué? ¿Porque dormías en casa de otra mujer todas las noches haciéndome creer que hacías dos turnos? ¿Porque nuestro matrimonio no existe realmente desde hace tres años? ¿Y es ahora cuando apelas a Dios?
-Te mentí, pero estoy arrepentido, de verdad. Si pudiera borrarlo todo… No estaba enamorado de ti cuando te pedí que nos casáramos, lo confieso, pero sí ahora. Cambiaste, empezaste a resplandecer, y entonces vi… No quiero perderte, Gloria.
-Ya es tarde.
Un sollozo ahogado se escapó de su pecho cuando el recuerdo de aquellas palabras volvió a su mente, como traído por el viento que se llevaba el mar a las nubes. Ella creía que con su corazón nuevo, con su actitud cálida, podría derretir un poco el hielo que cerraba el corazón de Pablo. Quería compartir con él su nueva vida, pero él nunca la había amado lo suficiente como para escucharla. Y finalmente… todas las mentiras salían siempre a la luz.
Sin darse cuenta, Gloria había dibujado su nombre en la arena.
Asustada de sí misma, se dispuso a borrarlo, pero el mar se le adelantó. Poco a poco, las olas se fueron llevando las letras: la P, la A, la B, la L y, con un último susurro, la O. Y la arena volvió a quedar completamente lisa.
“Me hizo muchísimo daño” pensó, con rebeldía. Sin embargo, no podía ahogar por más tiempo aquella vocecilla que le hablaba dulcemente al corazón. Si ella tenía razón, si había hecho bien al abandonar a Pablo sin concederle el perdón que le rogaba… ¿por qué había desparecido su paz? ¿Por qué su refulgente candil se había roto?
Pensó durante unos minutos en aquella reflexión y, ahora totalmente consciente de lo que hacía, volvió a escribir con su dedo sobre la arena, garabateando de nuevo unas letras que formaban otra palabra distinta: PERDÓN.
Gloria suspiró.
Sí, había sido horrible la traición de su marido, su engaño y su infidelidad. Pero ella no podía, por mucho que lo intentaba, convertirse a sí misma en la víctima de aquella historia. Porque también había sido horrible su orgullo y su frialdad al darse por vencida justo cuando él quería empezar a luchar, cuando él se había desprendido de su falta y había reunido el valor para confesarle lo que había hecho. Había sido horrible su deserción, su indiferencia, su insensibilidad ante aquellas lágrimas de arrepentimiento. Y entonces, al alejarse de todo cuanto había sido antes… se extinguió su luz.
Gloria estaba llorando otra vez, pero ahora el sufrimiento y la confusión habían desaparecido, dejando paso a unas lágrimas que resbalaban desde un corazón quebrantado que gemía, no por autocompasión, sino porque sentía que ahora era ella quien necesitaba ser perdonada. Comprendió entonces que la única prisión que la había encarcelado hasta entonces había sido ella misma.
Y por fin, después de cuatro años, encontró la paz que había perdido.
La sonrisa volvió sus labios.
El candil roto había vuelto a brillar.

FIN

martes, 5 de mayo de 2009

Pincelada de ideas - La madre en la ventana

Hi, amigos! Antes que nada, pido miles de disculpas por publicar esta pincelada con dos días de retraso: tengo que estudiar para un examen densísimo de Historia que tengo el viernes y estoy que no respiro... pensaréis: "entonces el viernes cuando termines el examen estarás radiante, ¿no?" Pues noooo, porque tendré que estudiar Historia de Arte y Griego ¬¬

Pero bueno, voy a dejarme de quejas poco edificantes y voy a dejar paso a la pincelada del domingo. Como recordaréis, se celebró el conocido Día de la Madre, por lo que elegí dicha temática para este pensamiento, que espero que no sea muy bodriazo. Tengo que reconocer que no me lo he currado mucho, pero en fin... Lo he introducido con un fragmento del libro que acabo de leer (precioso, por cierto) que me dejó bastante pensativa. Allá va:



-Mirad, queridos hermanos –dijo Wendy señalando hacia arriba-, ahí está la ventana todavía abierta. Ay, ahora somos recompensados por nuestra sublime fe en el amor de una madre. Y así volaron hacia su mamá y su papá, y no existe ninguna pluma que pueda describir la feliz escena, por lo que es mejor correr un velo.
Ése era el cuento. Todos estaban tan satisfechos como la hermosa narradora. Ya veis que todo era exactamente como debía ser. Huimos de casa como seres descorazonados, que es lo que son los niños, aunque sean tan hermosos, y tras dedicarnos un tiempo exclusivamente a nosotros, después, cuando necesitamos atenciones especiales, volvemos de nuevo a por nuestra madre, seguros de que seremos recompensados en lugar de recibir una paliza.
Su fe en el amor de una madre era tan grande que pensaron que podían ser crueles durante más tiempo.
Pero entre ellos había uno que sabía más que los demás, de manera que cuando Wendy acabó el cuento soltó un gemido sordo.
-¿Qué pasa, Peter? –exclamó ella, corriendo hacia él, pues pensaba que estaba enfermo. Le palpó muy cariñosamente por debajo del pecho.
-¿Dónde te duele, Peter?
-No es ese tipo de dolor –replicó Peter sombríamente.
-¿Entonces de qué tipo es?
-Wendy, te equivocas sobre las madres.
Todos se reunieron a su alrededor sobresaltados, pues su agitación era muy alarmante. Con un delicado candor les contó lo que había callado hasta entonces.
-Hace mucho tiempo –dijo-, yo pensaba, al igual que tú, que mi madre siempre mantendría la ventana abierta para mí, así que me ausenté durante lunas y lunas y lunas, y luego regresé volando, pero la ventana estaba cerrada, porque mi madre se había olvidado por completo de mí, y había otro niño durmiendo en mi cama.

Peter Pan, de James M. Barrie


Quizás la razón por la que me impactó este texto es por la cuestión que plantea: la del amor de una madre. La pregunta de si ese amor es incondicional o, por el contrario, finalmente puede apagarse.
Y digo yo, ¿tenemos derecho a plantearnos esta pregunta? ¿Acaso amar a nuestras madres, respetarlas, debe verse como una forma de asegurarnos que la ventana siga abierta cuando volvamos? ¡He aquí, señoras y señores, el delicioso concepto de rentabilidad que impera en la sociedad del siglo veinte! Lo hemos conseguido, muchachos, ¡por fin hemos asesinado al amor!
No es nuestra responsabilidad de hijos, creo yo, el cuestionarnos si nuestra madre siempre estará ahí para nosotros. Quizá muchos deseen saberlo. Posiblemente más de uno desearía escudriñar el futuro para ver hasta dónde llegará la paciencia de su madre. “Sólo para estar seguro”, dicen. ¿Seguro de qué? ¿Seguro de cuánto puedes alargar y estirar sus nervios antes de que se rompan?
Quisiera mirarte a los ojos, Peter Pan, a esos ojos llenos de rencor, para decirte, a ti y a todo el que se considera una víctima igual que tú, que no se nos ha dado a nuestras madres para ponerlas a prueba. Y quisiera poder decirte, Wendy, pequeña inocente, que nuestra fe en el sublime amor de una madre no justificará jamás que utilicemos dicha fe como el arma destructora de la confianza. Porque si es así, en efecto, me veré obligada a afirmar esto rotundamente: ¡donde hay confianza da ASCO!
…
Escuchad, ¿y si nos olvidáramos de esa ventana? Pues el futuro es inescrutable, y no podemos basar nuestras decisiones de ahora en la suposición de si mañana, cuando regresemos, estará abierta o cerrada para nosotros. Y es que, si ya estamos pensando en lo que hará nuestra madre cuando le fallemos, eso significa que damos por hecho que debemos fallarle.
Como hijos, hemos sido hechos para refugiarnos en los brazos de nuestra madre. Para amarla y para recibir su amor, para honrarla, para olvidar en todo momento el significado de la palabra “intercambio”, pues no se trata de “dar para recibir”, sino de “dar más que recibir”. Al fin y al cabo, recordemos que hay cosas que no pueden devolverse… y la vida es una de ellas.

Feliz Día de la Madre a todas las madres del mundo y muy en especial, como es obvio, a la mía. ¡Te quiero!

domingo, 26 de abril de 2009

Pincelada de arte - Mujercitas, de Louise May Alcott

No es que se me haya olvidado que este fin de semana tocaban dos publicaciones, es sólo que no he encontrado el momento de ponerme a escribir. Pero bueno, más vale tarde que nunca, y de todas formas, caramba, aún es domingo, estoy dentro de fecha xD. Además, el problema también ha sido el siguiente: es MUY difícil para mí escoger uno solo de todos los libros que he leído en mi vida y hablar de él con objetividad. Así que he optado por dejar la objetividad a un lado xD. Y aunque también había pensado estrenar la “pincelada de arte literaria” con el mejor libro que he leído en mi vida, “El Señor de los Anillos” (la Biblia no cuenta), he preferido dejar ésta para un fin de semana con menos prisas. Por lo tanto, he elegido la novela que ahora mismo protagoniza esta Pincelada: MUJERCITAS, de Louise May Alcott.

Para mí, la adolescencia empezó cuando las páginas de “Mujercitas” llegaron a mis manos. Después de un viaje de a saber cuántas horas por correo aéreo, la novela apareció en el buzón de mi casa con su doble valor: el de ser un regalo de mis abuelos por mi cumpleaños y el de ser (aunque yo aún no lo sabía) el que se convertiría en uno de mis libros favoritos a nivel universal.
Desde el primer capítulo ya me encariñé con sus protagonistas: las manos de Louise May Alcott son literalmente un don divino, pues es increíble el talento de esta escritora para comprender y describir de forma tan maravillosa los sentimientos de las mujeres. Me enganché a las vivencias de las cuatro hermanas March, quienes mientras su padre está en la guerra hacen lo que pueden por ayudar a su madre, por superar sus defectos y por convertirse en mejores peregrinas. Reí con sus travesuras… sonreí con sus pequeños logros… lloré a mares con sus penas…
A través de esa lectura maduré. Aprendí de la responsabilidad de Meg, me identifiqué con los esfuerzos de Jo por moderar su rebeldía y su mal genio, sentí en mi propia piel la timidez extrema de Beth, admiré la valentía callada de Amy en su lucha contra su propio egoísmo.
Esta obra de Louise May Alcott es una emoción en si misma, una novela intimista y sensible con un exquisito estilo narrativo y una hermosa, aunque sencilla, historia para contar. Un clásico, una joya del arte literario que hizo las delicias de mi abuela, de mi madre, de mi hermana y yo, y que, espero, algún día hará las de mis hijas y sobrinas.

viernes, 24 de abril de 2009

Pincelada de arte - Ponyo del acantilado

Hoy me tocaba actualizar con alguna obra del Séptimo Arte, y me ha costado bastante decidirme. Casi estaba decidida a hablar de “Pinocho” por ser una de mis películas favoritas, pero tengo tanto que decir de ella que no sabría cómo organizar este texto; por lo tanto, he preferido dejarla para otro día que me curre un poco más este apartado. Y aprovechando que acaba de estrenarse en España “Ponyo del acantilado”, una peli que ya vi hace un par de meses y me gustó muchísimo, he optado por reservarle esta primera opinión cinematográfica a la nueva obra del director Hayao Miyazaki, creador de otros filmes de animación anime como “La princesa Mononoke”, “El viaje de Chihiro” o “El castillo ambulante”.
Por si no ha quedado claro, intento demostrar que mis esfuerzos por intentar ver cine anime, que nunca ha sido precisamente santo de mi devoción, están dando buenos resultados xD.

“Ponyo del acantilado”, cuyo título original es “Gake no ue no Ponyo”, podría definirse de muchas maneras, pero han dado en el blanco quienes la han identificado como una fábula poética sobre la infancia. Cuenta la historia de Ponyo, una niña-pez que anhela convertirse en humana tras enamorarse de Sasuke, un niño de cinco años al que conoce en la playa. Como ya se ha dicho, la película da una versión diferente y libremente adaptada del famoso cuento de “La Sirenita”, pero al mismo tiempo la presenta de una forma totalmente nueva que da muestras de la enorme imaginación de su creador.
Aunque lo diga una cinéfila no muy entusiasta de la animación anime, “Ponyo del acantilado” debe aceptarse como lo que es: una película absolutamente brillante de un género que, lamentablemente, no abunda mucho hoy en día. Personalmente creo que destaca por encima de muchas producciones japonesas en lo que se refiere al apartado artístico, ya que, aunque el diseño de los personajes sigue sin ser ninguna sorpresa, la paleta de colores que utiliza es de lo más atractiva. Pero como es típico en Miyazaki, lo que sobresale aquí no es tanto el apartado visual como el narrativo: se trata de un muy agradable cuento fantástico contado de una forma casi hipnotizante. A pesar de ser de lo más sencilla, rebosa ternura. En cada escena te vas encariñando con los personajes, comprendiendo sus emociones, apreciando cada uno de esos detalles tan intimistas que los hacen humanos.
En algún lugar de un pueblo sumergido bajo las aguas, un niño y un pez protagonizan un cuento romántico de lo más recomendable.


TRAILER AQUÍ:

http://www.youtube.com/watch?v=MfAUIZMccCA&feature=related

Está en japonés con subtítulos en inglés, se siente, así es como yo la he visto xD. Bueeeeeeeno, aquí lo dejo también en español, pero da repelús. No sé si es que en España le tienen manía al pobre Miyazaki, que todas sus películas tienen un doblaje que da verguenza ajena...

http://www.youtube.com/watch?v=7Xz5jaS9N7s

domingo, 19 de abril de 2009

Pincelada de páginas - Primer asalto

Carmen adora escribir: está enamorada del cosquilleo que produce en sus manos plasmar palabras en un papel, enamorada del arte de inventar una historia, enamorada de la sensación de crear un personaje. Lo que no parece ser posible es que esos seres que sólo viven en nuestra imaginación cobren vida y se conviertan en personas de carne y hueso; Carmen nunca lo habría creído si no fuera porque, alguna manera inusitada, el estrafalario Iago Garcés que protagoniza sus relatos parece haber atravesado ese río de tinta que separa la ficción de la realidad…

***




Ésa de arriba es la sinopsis de la novela que estoy escribiendo. Ahora, como dice mi madre, vamos con “la parte triste del cuento donde muere la muchacha buena”. Diré que llevo como un año trabajando en esta historia (un año con intervalos muy largos, así que bien puede haber sido sólo medio xD) y, por el momento, la idea principal me gusta, los personajes son carismáticos y el argumento creo que puede funcionar. Hasta ahí, bien.

Sin embargo, había algo que no encajaba. Y últimamente, cada vez que releía algo de lo que había escrito hace algunos meses, movía la cabeza de un lado a otro y me repetía a mí misma: “esto no marcha, esto no marcha”.

Sinceramente, cada vez me gustaba menos mi forma de transmitir esta historia, y he llegado a un punto en el que me he dado cuenta de que no podía seguir así, que no podía llevar hacia adelante algo que había empezado tan mal. Así que, por mucho que me cueste (quieras que no llevaba 75 páginas escritas xD) he decidido hacer borrón y cuenta nueva y empezar todo desde el principio. Bueno, borrón no, esas 75 páginas las guardaré en el baúl de los recuerdos por si algún día quiero reírme un rato de mí misma. Pero sí voy a recomenzarlo todo y darle un nuevo punto de vista a la historia de Carmen Valbuena Olivares (ése es su nombre =P), porque creo que, si sé que PUEDO hacerlo mucho mejor, no tiene sentido que lo deje como está simplemente por pereza.

Tengo que estudiarme un pedazo de tema de Historia del Arte, así que tampoco me voy a enrollar tanto como me hubiera gustado (otro día será). Espero que esta primera pincelada sea del gusto de alguien, aunque es bastante cutrecilla, lo sé; y lo confieso, no tengo tiempo para mucho más.

Un abrazo muy grande y una palabra de ánimo… ¡brillad y emerged allí donde estéis! ^^

jueves, 16 de abril de 2009

Reorganizando

Quiero ser un color en tu pincel...




* Actualización: Nueva organización del blog a partir del 6/03/2013 =)

He decidido que tengo que ponerle las pilas con este blog (y lanzo desde aquí mis agradecimientos para los de Misión Posible, que me han ayudado a darme cuenta de ello entre otras cosas ^^). Así que diré lo que voy a hacer, o intentar hacer, apartir de ahora: habrá cinco publicaciones al mes, una cada domingo... y el último viernes de cada mes también habrá una. Las publicaciones se llamarán "Pinceladas", y lo voy a organizar así:


1. Pincelada de ideas: Será alguna reflexión, pensamiento o rayada mental. De mis filosofadas que ya se conocen xD. Sólo que espero que sean más constructivas que las anteriores...


2. Pincelada de tinta: Se tratará de alguno de mis textos literarios. Relatos, cuentos, microhistorias, experimentos creativos... desgastar un poco el tintero, va xD.


3. Pincelada de páginas: En esta parte voy a ir dando noticias sobre la novela que estoy escribiendo actualmente. La idea es ir dándola a conocer y, sobre todo, obligarme a mí misma a tenerla al día. El título provisional de esta novela es, por ahora, Entre estas páginas.


4. Pinceladas de arte: Aquí incluyo dos: la pincelada de último viernes y la del último domingo. En ellas hablaré de libros o películas que haya leído o visto (xD): la idea es reflejar mis opiniones sobre estas formas de arte y, especialmente, aprender a redactar mis propios argumentos.


Espero estar al día con todo esto, pero si me olvido, intentad ponerme las pilas. Os dejo con una última palabra:


¡EMERGE! ^^

sábado, 4 de abril de 2009

Queridas Musas:




Queridas Musas:

Comprendo que hace unos meses tuvisteis una temporada muy dura. Y la verdad es que, para qué negarlo, os estoy muy agradecida por ello: durante muchas semanas seguidas no paré de recibir información de historias, personajes, pensamientos y rayadas mentales inclusive. De modo que he preferido no pediros nada hasta ahora, entiendo que mi escasez imaginativa se debe a que os estáis tomando unas merecidísimas vacaciones. Es perfectamente lógico y comprensible.
Pero Musas, tengo que reconocer que estoy muy vulnerable sin vosotras… Musas, reinas de las palabras y la chispa del ingenio, incansables trabajadoras que ayudan a mis manos a crear, ¿dónde os habéis metido? ¿Hasta cuándo alargaréis vuestro reposo? Y en serio, ¿cómo esperáis que siga adelante sin vosotras? La sequía ya es insoportable, y aunque me avergüence un poco decirlo, necesito que volváis cuanto antes. Por favor, ¡la creatividad no se mueve sola! ¡Y me da terror la página en blanco!
Con un desesperado “hasta pronto” se despide…

[…]

P.D. ¿Veis? Quería firmar de una forma ingeniosa… ¡pero ya ni para eso tengo chispa!


Imagen: Fotograma de la película "Hercules" (Walt Disney, 1997)


Podéis leer aquí la explicación de por qué esta carta nunca fue respondida =P